Illic cerró de golpe el viejo diario polvoriento, se quitó los guantes antes de tomar su cabeza con ambas manos y maldecir en once diferentes lenguas muertas, dejose caer de rodillas, la araña a su lado pensó en saludarle, pero sus patas faltantes le recordaban cuan propenso era su anfitrión a caer en vesanía, marchose sigilosa pero fue atravesada por las gélidas pupilas de su maestro, macabros reflejos de la luna llena que observaba impasible tras la ventana, paralizada como estaba, inutil fue escapar de la huesuda mano, hoy perdería otra parte de si nuevamente, lo sabía, pero Illic simplemente decidio mirarla sin emoción; camino a su escritorio y vertió una extraña savia sobre la pequeña criatura que empezó a retorcerse agónicamente.
Indiferentemente Illic dejó el bichó a su suerte y comenzò a trazar diagramas y notas sobre viejos pergaminos, sin darse cuenta su ojo izquierdo dió a luz una gota de brillante líquido azabache, pues sin notarlo sus diagramas se convirtieron en el retrato de una mujer, y con sus ojos vidriosos miró al viejo satélite en el cielo y tras un breve silencio musitó para si mismo "una vez mas", recogió algunos papiros, caminó con paso firme haciendo crujir la vieja madera, sintió como una pequeña arañuela se posaba sobre su hombro con dos nuevas patas entumidas, descendió por los viejos escalones hasta el sótano de la torré donde una gran cantidad de frascos, maquinaria y grimorios le aguardaban junto al cuerpo marchito de una joven.
-Una vez mas- se le oyó decir